Huída desesperada
Mientras corría seguía repasando en su mente las palabras que había escuchado hacía unos minutos. Todo había ocurrido de manera muy extraña. Por órdenes de su jefe debía quedarse hasta acabar el informe, así que se quedó en la oficina hasta bien entrada la noche. Cuando se disponía a abandonar el edificio, oyó una voz en una de las oficinas, pero en ninguna de ellas había luz, así que se acercó despacio hasta la puerta de la misma y se quedó allí parada durante unos instantes. Un espacio de tiempo suficiente para escuchar parte de una conversación telefónica.
Un hombre vestido de negro repasaba archivos y documentos del despacho mientras escuchaba órdenes por su móvil. Las órdenes habían sido claras: encontrar unos informes y llevárselos de allí, después provocar un incendio para no dejar prueba alguna.
Ella se quedó parada y cuando fue a coger el móvil para avisar a la policía, lo hizo con tan mala suerte que su bolso cayó al suelo.
El hombre se volvió y sorprendió a la chica haciendo una llamada. Las miradas de ambos se cruzaron, la de ella contenía miedo y la de él una combinación de sorpresa e ira. Lo dejó todo en el suelo y, sin controlar sus pasos, únicamente siguiendo su instinto de supervivencia, empezó a correr hacia la salida del edificio para después seguir corriendo hacia un sitio seguro. El hombre dejó todos los documentos y salió tras ella.
Ambos se enzarzaron en una carrera por calles industriales desérticas. Ella corría mirando calle sí, calle no hacia atrás, temiendo que su perseguidor le hubiese cogido demasiada ventaja.
Tras unos interminables e intensos minutos de huída desesperada, le pareció que los pasos tras ella se doblaban, dando la impresión de que alguien más la seguía. Siguió corriendo hasta que, en una de sus miradas hacia atrás, se dio cuenta de que el hombre ya no la seguía. Entonces se paró en seco, apoyando sus manos sobre las rodillas e intentando coger aire. Miró a todos los lados, inspeccionando cada rincón que las tenues luces de las calles industriales dejaban ver, pero no encontró ni rastro de su perseguidor.
Aún con el miedo en el cuerpo, empezó a caminar hacia alguna calle céntrica que la alejara del polígono, pero fue entonces cuando, al doblar la esquina, se topó de bruces con el hombre y ambos cayeron al suelo. Levantándose tan rápido como le era posible, intentó escapar de nuevo, pero el hombre fue más rápido esta vez y la atrapó.
Fueron momentos de angustia. En su mirada se podía apreciar el terror, sabía que había escuchado demasiado y que aquel hombre era capaz de hacer cualquier cosa para silenciarla. Él sabía que la tenía en sus manos, pero antes de que la tocara, otro hombre apareció de la nada. Lo atacó por sorpresa, lo que hizo que la chica cayera al suelo por el impacto. Ella se levantó rápidamente y, tras ver en el rostro del hombre misterioso una tímida sonrisa de complicidad, empezó a correr de nuevo, sabiendo que esta vez ya no la seguiría nadie. Volvía a ser libre, lo sabía.
Al llegar a la ciudad se paró y volvió la mirada hacia las calles del polígono. Recordó la cara de su salvador y esbozó una leve sonrisa. Una sonrisa de alivio. Había vuelto a nacer.
